DOI:
https://doi.org/10.47133/respy43-25-2-2a-02
BIBLID: 0251-2483 (2025-2), 3-30
Los mundos sociales de pertenencia en la política paraguaya: un análisis comparado de los Gabinetes Presidenciales (2012–2018)
Social Worlds of Belonging in Paraguayan Politics: a comparative analysis of Presidential Cabinets (2012–2018)
Marcos
Pérez Talia1 ![]()
1Universidad
Nacional de Rosario,
Rosario, Argentina.
|
Correspondencia: mptalia@gmail.com Articulo enviado: 4/5/2025 Articulo aceptado: 17/10/2025 Conflictos de Interés: ninguno que declarar. Fuente de financiamiento: sin fuente de financiamiento. ·
Editor
responsable: Carlos Anibal Peris ·
Revisor
1:
Sintya Valdez ·
Revisor
2:
Ilda Mayeregger
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Resumen: El artículo analiza los gabinetes presidenciales de Federico Franco (2012–2013), Horacio Cartes (2013–2018) y Mario Abdo Benítez (2018–2023) desde el enfoque de los mundos sociales de pertenencia. A diferencia de la mirada clásica que concibe a los partidos políticos únicamente como organizaciones electorales o institucionales, aquí se examinan las redes sociales, militantes y profesionales que nutren la selección de ministros y altos cargos. El estudio muestra que Franco y Abdo Benítez se apoyaron en la militancia partidaria tradicional, mientras que Cartes rompió con ese esquema privilegiando técnicos, empresarios y gerentes de su entorno. Esta comparación evidencia cómo, aun dentro del mismo partido, los liderazgos pueden optar por configuraciones diferentes de gobierno. El trabajo aporta, así, a la sociología política de los partidos paraguayos, subrayando la relevancia de atender a los vínculos sociales y culturales que sostienen a los elencos gubernamentales y planteando nuevas líneas de investigación en clave comparada.
Palabras clave: partidos políticos; Paraguay; gabinetes presidenciales.
Abstract:
This article analyzes the presidential cabinets of Federico Franco (2012–2013),
Horacio Cartes (2013–2018), and Mario Abdo Benítez (2018–2023) through the lens
of social worlds of belonging. Moving beyond the classical approach that conceives
political parties merely as electoral or institutional organizations, the study
examines the militant, social, and professional networks that shape cabinet
recruitment and ministerial appointments. Findings show that Franco and Abdo
Benítez relied primarily on traditional partisan militancy, whereas Cartes
departed from this pattern by privileging technocrats, business leaders, and
managers from his corporate circle. This contrast illustrates how, even within
the same party, leaders may choose different governing logics. The article
contributes to the sociological study of Paraguayan political parties,
emphasizing the relevance of social and cultural linkages in government
formation and outlining new avenues for comparative research.
Keywords: political parties; Paraguay; presidential cabinets.
Introducción[1]
Desde la transición democrática de 1989, el sistema político paraguayo ha estado estructurado en torno a elecciones periódicas que, más allá de sus limitaciones, se han consolidado como la principal vía de acceso a los cargos públicos (Bourscheid & Stumpf González, 2019; Aragón Falomir et al 2022). En ese marco, los partidos tradicionales —la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) y el Partido Liberal Radical Auténtico— han mantenido una centralidad indiscutible en la vida política nacional. Fundados ambos en 1887, han logrado sobrevivir a guerras, dictaduras y transiciones, manteniéndose como los dos pilares principales de la competencia política y relegando a terceros actores a un rol marginal (Pérez Talia, 2022).
La persistencia y vigencia de estos partidos ha sido estudiada principalmente desde la historia y la ciencia política, con énfasis en su longevidad, sus luchas internas, su capacidad de monopolizar la representación o sus procesos de institucionalización. Sin embargo, este tipo de aproximaciones tienden a privilegiar una mirada organizacional e institucional, dejando en un segundo plano las formas en que los partidos se relacionan con los diversos mundos sociales de los que se nutren. En este sentido, enfoques provenientes de la sociología política —como el análisis de los mundos sociales de pertenencia (Vommaro, 2017) y de los entornos partidistas (Sawicki, 2011)— ofrecen una vía analítica promisoria para comprender cómo los partidos no solo operan como maquinarias electorales, sino también como espacios atravesados por redes, complicidades culturales, repertorios morales y vínculos sociales que moldean sus decisiones políticas.
Este artículo se propone analizar, desde esa perspectiva socio-política, la composición de los gabinetes presidenciales en tres momentos clave de la era democrática reciente: el breve gobierno del liberal Federico Franco (2012–2013), y los gobiernos colorados de Horacio Cartes (2013–2018) y Mario Abdo Benítez (2018–2023). El objetivo es mostrar cómo, aun tratándose de partidos centenarios y estructuralmente consolidados, las decisiones sobre el reclutamiento ministerial reflejan diferentes anclajes sociales y estrategias de legitimación: desde la reafirmación de la militancia tradicional hasta la apuesta por gabinetes tecnocráticos. Al hacerlo, se busca contribuir al debate sobre la resiliencia de los partidos tradicionales en Paraguay, explorando dimensiones que trascienden el enfoque clásico de la literatura politológica y que abren nuevas preguntas sobre los factores que inciden en la selección de élites políticas en contextos latinoamericanos.
El artículo se organiza en cuatro secciones principales. En primer lugar, se presenta “El estudio de los partidos políticos. La clásica mirada”, donde se repasan los aportes fundacionales de la literatura politológica sobre los partidos. En segundo lugar, se desarrolla “Una mirada más allá de los clásicos: la sociología de los partidos”, que introduce las categorías analíticas de mundos sociales de pertenencia y entornos partidistas. En tercer lugar, se ofrece “Una mirada a los partidos tradicionales paraguayos”, situando a la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) y al Partido Liberal Radical Auténtico en el marco histórico y social del país. Finalmente, la sección analítica se centra en la composición de los gabinetes iniciales de Federico Franco (2012–2013), Horacio Cartes (2013–2018) y Mario Abdo Benítez (2018–2023), a fin de observar comparativamente cómo cada gobierno expresó distintos anclajes sociales y criterios de reclutamiento político.
El estudio de los partidos políticos. La clásica mirada
Como se ha manifestado en diversas ocasiones, el estudio de los partidos políticos constituye una línea de investigación extensa, relevante y fructífera dentro de la Ciencia Política. Los trabajos seminales de Ostrogorski (1902), Michels (1911) y Weber (1922) han sido las piedras angulares desde donde se sustentó esta promisoria corriente politológica. Desde entonces, el análisis de los partidos ocupó un rol central en la disciplina (Abal Medina, 2002), no siendo casualidad que los primeros libros “genuinamente politológicos se hayan escrito sobre los partidos políticos” (Von Beyme, 1986: 1).
A comienzos del siglo XX Ostrogorski (1902) publicó la obra “La democracia y los partidos políticos”, y aunque ésta estuvo centrada en los partidos ingleses y estadunidenses, sus puntos de vista lograron trascender las fronteras de los países del análisis e influenciar los estudios partidistas de las próximas décadas. Fue fundamental su propuesta de escindir el estudio de la política, las formas políticas de las fuerzas políticas (Alcántara, 2004). Y sin llegar a proponer aún una tendencia inevitable hacia la oligarquía, argumentó que los partidos políticos eran organizaciones “permanentes, rígidas, corruptas y tiranas” (Reveles, 2009: 773).
La segunda gran obra -y decididamente influyente- de comienzos del siglo XX es la del sociólogo alemán Robert Michels titulada “Sociología de los partidos políticos”, publicada en 1911. Si bien se plantea y discute ideas en torno a los partidos políticos, la sociedad, las masas y el Estado, el descubrimiento fundamental de Michels es lo que se denominó la “ley de hierro de la oligarquía” o “ley de Michels”[2].
La trilogía de comienzos del siglo XX acaba con la obra del sociólogo alemán Max Weber “Economía y Sociedad”, que apareció recién en 1922. En ella se analiza, entre otras cosas, a los partidos y su organización y asevera el paso ineludible “a la racionalización creciente de la técnica electoral, a la organización burocrática”, en donde el poder de los partidos “descansa ante todo en la calidad de la organización de esas burocracias”. (Weber, 2002: 1080). Describe la existencia de partidos de notables[3] y sugiere que los partidos pueden apoyarse en dos principios internos básicos: (i) o son organizaciones patrocinadoras de cargos, en cuyo caso su finalidad “consiste sencillamente en llevar a sus jefes por medio de elecciones al lugar director, para que éstos distribuyan luego los cargos estatales entre su séquito” o (ii) son partidos ideológicos que se “proponen la implantación de ideales de contenido político” (Weber, 2002: 1078-79).
El periodo de entreguerras y la ascensión del totalitarismo significaron una interrupción en la reflexión académica sistemática sobre los partidos políticos; aunque luego de la Segunda Guerra Mundial el panorama intelectual cambió, apareciendo en 1951 el libro “Los partidos políticos” de Maurice Duverger, “la obra de mayor alcance y articulación teórica realizada hasta entonces y cuyos efectos intelectuales influyeron notablemente en las décadas siguientes” (Alcántara, 2004: 18). Duverger (1951) se propone clasificar a los partidos en virtud de su origen, y focaliza el análisis de la estructura partidista en: (i) la armazón de los partidos, (ii) los miembros del partido y (iii) la dirección de los partidos. Del mismo modo, luego de un análisis comparativo de partidos políticos europeos y siguiendo la discusión de Weber sobre la creciente profesionalización de la clase política (Wolinetz, 2007: 131), Duverger desarrolla una tipología que deriva en dos tipos de partidos: (i) partidos de cuadros y (ii) partidos de masas.
En los años sesenta los estudios partidistas empiezan a advertir transformaciones en las estructuras de los partidos de masas, sugiriéndose el paso de partidos de “masas” a partidos “electorales” o de “electores”. El seminal trabajo de O. Kirchheimer (1966), en el que propone la categoría de partido catch all, marcaría el camino. Plantea que existen ciertos cambios en la sociedad occidental que llevan a los antiguos partidos de masas de base clasista o confesional a “estar sometidos a una presión que los pone en vías de convertirse en partidos de todo el mundo” Kirchheimer (1980: 336). Dichos cambios pueden ser sintetizados en los siguientes puntos: (i) reducción de modo radical del componente ideológico de los partidos, (ii) mayor fortalecimiento de la élite dirigencial del partido, (iii) desvalorización del rol del afiliado individual, (iv) propaganda electoral dirigida a toda la población y (v) esfuerzo por estrechar mayores lazos con diversos grupos de interés (Kirchheimer, 1980: 337)[4].
En la década del noventa del siglo XX, Katz y Mair (1992, 1994 y 1995) realizarán aportes significativos en el análisis organizativo de los partidos políticos. Llamarán la atención sobre el “poco conocimiento” que existe sobre las organizaciones partidarias afirmando que mientras conocemos bastante sobre “los partidos y sus votantes, los partidos y sus gobiernos y los partidos y sus competidores, sigue habiendo severos límites al entendimiento comparativo sobre cómo las organizaciones partidarias trabajan, cambian y se adaptan” (Katz y Mair, 1994: 2). Pero su principal aporte será la identificación de un nuevo modelo de partido, el partido cartel (1995), producto de las transformaciones que experimentan las organizaciones partidistas en el marco de los desafíos ambientales existentes.
Una mirada más allá de los clásicos: la sociología de los partidos
En un sugerente trabajo, Vommaro (2017) argumenta que estas miradas clásicas partidistas (expuestas de manera muy sucinta en el capítulo anterior) concentran muy exclusivamente el foco en la dimensión organizativa e institucional, abandonando una mirada hacia los anclajes del partido con la sociedad. Con esa idea, introduce la categoría de “mundos sociales de pertenencia” que:
“no niega la importancia de esas dimensiones, pero intenta complementarlas con una redefinición de la perspectiva social que no opere, estrictamente, en términos del peso determinante del background de los miembros del partido (Wright Millis, 1957) o de la traducción de clivajes sociales o culturales en clivajes políticos (Lipset y Rokkan, 1967; Ostiguy, 2009), sino del modo activo en que, en una organización política, los actores recurren a ciertos espacios sociales de los que toman visiones del mundo, formatos de acción y de rituales y jerarquías morales que ponen en práctica en su actividad.” (Vommaro, 2017: 42).
La propuesta analítica de Vommaro (2017: 44) descansa en la idea de estudiar la “conexión de una organización con diversos mundos sociales (que) permite repertoriar esquemas interpretativos y visiones del mundo dominantes, así como su complicidad con ciertas porciones del mundo social”. Desentrañar el ethos político facilitaría, en cierta forma, comprender las visiones del mundo y los repertorios de acción que forman parte de los militantes y dirigentes del partido político.
Vommaro (2017: 50-57) distingue, al menos, cuatro dimensiones en las que operan los mundos sociales de pertenencia, a saber:
· El reclutamiento de cuadros dirigentes y de militantes partidarios;
· El criterio de selección de candidatos;
· Los formatos de los rituales y ceremonias partidarias, tanto los internos como los públicos, en muchos casos hechos para ser mediatizados;
· El vínculo con los electores a través de visiones del mundo que crean complicidades culturales.
Como corolario de su planteamiento expone que esta perspectiva “permite aprehender el enraizamiento social de los partidos sin caer en el puro determinismo del social background” dado que “habilita una mirada de la dimensión cultural de la política que conecta las complicidades en cuanto a visiones del mundo, repertorios morales y de acción con la movilización política de energías activistas” (Vommaro, 2017: 57).
Desde una mirada analítica semejante, Sawicki (2011) plantea también un puente entre los estudios clásicos de los partidos políticos y la sociología política. Propone “no separar el análisis de las formas organizacionales, prácticas militantes o estrategias políticas del análisis de las propiedades sociales de dirigentes y miembros”, por consiguiente “no se pueden disociar las organizaciones partidistas de su entorno, si se busca comprender cómo determinado partido logra implantarse en una sociedad dada” (Sawicki 2011: 43).
La principal categoría analítica planteada por Sawicki (2011) pasa a ser la del entorno partidista la cual define como un “conjunto de esas relaciones sociales” al cual hay que recurrir para “objetivar los contornos del entorno partidista” (Sawicki 2011: 43). El autor plantea diferentes tipos de redes interindividuales que pueden ser encontrados al abordar el estudio de un partido político, a saber:
· La red como conjunto de relaciones personales formales o informales;
· La red puede remitir a una realidad controlada en mayor medida por los actores, es decir, alianzas tipo “cliques”;
· La red puede también designar al sistema de relaciones estabilizadas entre individuos que ocupan posiciones en sectores de actividad distintos, pero que están obligados a cooperar;
· El concepto de red puede también remitir a un sistema estabilizado de interdependencia entre organizaciones que intervienen en diferentes sectores, pero cuyos actores son multi-posicionados;
· Las que engloban al conjunto de relaciones interpersonales entre los responsables de los diferentes componentes de una organización dada.
De esa forma, Sawicki (2011) propone un análisis eminentemente estructural y no individualista y “tiene el mérito de permitir enfocar las actividades y las formas de organización partidista como productos particulares de relaciones concretas entre individuos y grupos, que actúan simultáneamente en espacios sociales diferenciados” (Sawicki 2011: 47).
Tabla 1. Dimensiones e indicadores a utilizar en este artículo
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Dimensión |
Indicadores |
Preguntas guía |
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Identificación |
Nombre del ministro/a; Cargo |
¿Quién es y qué ministerio ocupa? |
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Partido de pertenencia |
ANR / PLRA / Otro / Sin partido |
¿Está formalmente afiliado? ¿Pertenece a una facción? |
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Antecedentes |
a) Político (militante, dirigente, parlamentario, intendente, etc.) b) Técnico (profesional, académico, empresario, tecnócrata) |
¿Proviene de carrera política o del mundo técnico/empresarial/academia? |
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Motivo principal de designación |
a) Partidario (cuota faccional, lealtad política) b) Técnico (especialización, perfil académico/profesional) c) Personal (amistad, confianza, cercanía al presidente) d) Otros (alianzas coyunturales, pactos) |
¿Qué explica mejor su designación? |
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Anclaje social |
Gremios, sindicatos, universidades, iglesia, ONG, empresas, medios, grupos regionales |
¿De qué espacios sociales proviene y qué vínculos mantiene? |
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Redes de apoyo |
a) Red personal/familiar b) Red político-partidaria c) Red empresarial/tecnocrática d) Red multisectorial (actores en varios campos) |
¿Qué redes concretas arrastra al gabinete? |
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Forma de legitimación pública |
a) Narrativa partidaria (militancia, tradición) b) Narrativa técnica (“selección nacional”, profesionalismo) c) Narrativa moral (honestidad, servicio, religiosidad) |
¿Cómo fue presentado/a públicamente? ¿Qué discurso legitima su ingreso? |
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Continuidad o ruptura con el mundo social del partido |
a) Continuidad con militancia tradicional b) Ruptura hacia técnicos/empresarios c) Mixto |
¿Refuerza o desafía el mundo social clásico del partido? |
Elaboración propia a partir de los trabajos de Sawicki (2011) y (Vommaro, 2017)
En este trabajo se propone operacionalizar estas categorías teóricas a partir del análisis de los gabinetes presidenciales. Para ello se construyó un conjunto de indicadores que permiten observar, en cada designación ministerial, la relación entre partido, sociedad y redes de pertenencia. Se considerarán las siguientes dimensiones: identificación del ministro/a y partido de pertenencia; antecedentes políticos o técnicos; motivo principal de designación (partidaria, técnica o personal); anclajes sociales de los que proviene; redes de apoyo que moviliza y formas de legitimación pública de su nombramiento.
El objetivo no es realizar una reconstrucción exhaustiva de todos los gabinetes, sino utilizar estos indicadores como ventana analítica para explorar brevemente los mundos sociales de pertenencia y los entornos partidistas en los partidos tradicionales paraguayos. Esta aproximación permitirá conectar la teoría sociológica con ejemplos empíricos concretos, ilustrando cómo el Partido Liberal y el Partido Colorado articulan —o tensionan— sus vínculos con diferentes espacios sociales en el proceso de conformación de sus equipos de gobierno.
Una mirada a los partidos tradicionales paraguayos
Los partidos tradicionales de Paraguay son frecuentemente caracterizados como poli-clasistas, y presentan una alta tasa de membresía partidista, incluso en comparación con los demás países de la región, lo cual constituye un indicador importante de sus niveles de institucionalización partidista (Pérez Talia 2017a: 305). No sólo eso, definen también identidades políticas como en algunos países lo hacen los equipos de fútbol, por lo cual en Paraguay “uno nace –y no se hace- colorado o liberal” (Cerna y Solís 2017: 156).
La literatura especializada propone diversas explicaciones acerca del fenómeno mencionado. Abente Brun (1996: 247) plantea particularmente tres factores relevantes acerca de la centralidad y resistencia de ambos partidos: (i) el espacio político semicompetitivo que funcionó por mucho tiempo y el desarrollo institucional con una estructura de recompensas y castigos que privilegiaba el fortalecimiento de partidos con gran cantidad de redes; (ii) la estructura social paraguaya que permitió que partidos clientelares se arraiguen sólidamente y (iii) el hecho de que Paraguay no experimentó una dictadura militar sino hasta 1940, lo que consolidó la hegemonía civil y fortaleció a los partidos en el imaginario colectivo .
En concordancia con lo anterior, Lachi y Rojas Scheffer (2018) argumentan que las altas tasas de membresía en los partidos tradicionales y la elevada identificación partidista se sustentan a través de elevados niveles de afectividad, especialmente a partir de un proceso de adscripción familiar. Ambos partidos disponen de un electorado dispuesto a votar de manera acrítica por su partido y sus candidatos, “sin cuestionamiento alguno, basándose sólo en el hecho de que un determinado candidato pertenezca a su partido” (Lachi y Rojas Scheffer, 2018: 203-204).
Viendo la evolución del padrón partidario de ambos partidos y poniéndolos en perspectiva con el total de electores de las elecciones generales, estos son los datos porcentuales:
Gráfico 1. Peso del padrón partidario en comparación con el padrón nacional

Fuente: Publicaciones periodísticas y entrevistas a funcionarios internos de los partidos
Los porcentajes denotan una extraordinaria cantidad de afiliados partidistas, que en ningún caso de la muestra representó una suma total menor al 77% (año 2003), y con un 88% como punto máximo en 2013, que coincide después de la primera y única alternancia democrática ocurrida en 2008.
No obstante, esta descripción se enmarca en una perspectiva eminentemente organizacional, que tiende a invisibilizar otros aspectos relevantes del fenómeno partidario. Tal enfoque ha sido cuestionado por autores como Sawicki (2011) y Vommaro (2017), quienes proponen ampliar el análisis hacia las conexiones sociales y culturales de los partidos. En línea con esa propuesta, este trabajo se propone explorar, aunque de manera acotada, los mundos sociales de pertenencia (particularmente el reclutamiento ministerial y los criterios de selección) y los entornos partidistas (las redes con diferentes organizaciones de la sociedad paraguaya) en dos partidos tradicionales: el Partido Liberal, durante el breve gobierno de Federico Franco (2012–2013), y el Partido Colorado, bajo las administraciones de Horacio Cartes (2013–2018) y Mario Abdo Benítez (2018 en adelante).
El breve gobierno del Partido Liberal en 2012
El liberalismo paraguayo accedió al Poder Ejecutivo producto del juicio político realizado al presidente Fernando Lugo en junio de 2012. La alianza exitosa del 2008, que logró derrotar al Partido Colorado tras gobernar más de sesenta años, se quebró tras una crisis política que no logró ser zanjada (Duarte Recalde, 2013; Soler, 2014; López, 2014; Pérez Talia, 2017b).
Una vez asumido el vicepresidente Federico Franco, el gabinete se reorientó casi en su totalidad, en comparación al gabinete de Lugo, su antiguo compañero de fórmula. De hecho, crítica recurrente de Franco era que Lugo no daba espacios suficientes al Partido Liberal en su gabinete y que éste no reflejaba de modo alguno la composición de fuerzas de la Alianza.
Federico Franco propone “reparar” el agravio de Lugo hacia el Partido Liberal y establece un gabinete eminentemente liberal-partidista, a saber:
Tabla 2. Gabinete inicial de Federico Franco (2012)
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Ministerio |
Ministro/a |
Partido |
Antecedentes |
Motivo de designación |
Anclaje social |
Redes de apoyo |
Forma de legitimación pública |
Continuidad o ruptura con el mundo social del partido |
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Relaciones Exteriores |
José Félix Fernández Estigarribia |
PLRA |
Militante, antiguo dirigente liberal |
Partidaria (dirigente histórico) |
Diplomacia, redes internacionales |
Red liberal, vínculos en organismos internacionales |
Narrativa partidaria (reparación al PLRA) |
Continuidad con mundo social clásico liberal |
|
Hacienda |
Manuel Ferreira Brusquetti |
Tecnócrata, sector privado |
Economista tecnocrático, de ascendencia liberal |
Técnica (perfil especializado) |
Empresarial, académico |
Red empresarial y tecnocrática afín al liberalismo |
Narrativa técnica (eficiencia, profesionalismo) |
Ruptura parcial: tecnócrata sin militancia activa |
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Interior |
Carmelo Caballero |
PLRA |
Abogado y militante liberal |
Partidaria (cuota de militancia) |
Partidismo tradicional |
Red partidaria liberal |
Narrativa partidaria (militancia y lealtad) |
Continuidad con mundo social liberal |
|
Defensa Nacional |
María Liz García de Arnold |
UNACE |
Cuota del Partido UNACE |
Partidaria (alianza coyuntural) |
Partidismo de oposición aliado |
Red de UNACE, vínculos militares |
Narrativa partidaria (equilibrio político) |
Ruptura parcial: inclusión de partido externo |
|
Obras Públicas y Comunicaciones |
Enrique Salyn Buzarquis |
PLRA |
Abogado, militante liberal |
Partidaria (cuota de facción) |
Partidismo tradicional, redes en interior |
Red política interna del PLRA |
Narrativa partidaria (reivindicación del PLRA) |
Continuidad con mundo social liberal |
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Salud Pública y Bienestar Social |
Antonio Arbo |
PLRA |
Médico, experto en medicina |
Técnica (perfil profesional reconocido) |
Universitario, gremio médico |
Red profesional médica, vínculos liberales |
Narrativa técnica (prestigio y especialización) |
Ruptura parcial: experto más que militante |
|
Agricultura y Ganadería |
Enzo Cardozo |
PLRA |
Abogado y militante liberal |
Partidaria (militancia tradicional) |
Partidismo tradicional, vínculos rurales |
Red partidaria y gremial agropecuaria |
Narrativa partidaria (cuota liberal) |
Continuidad con mundo social liberal |
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Educación y Cultura |
Horacio Galeano Perrone |
ANR |
Colorado, perfil técnico |
Técnica (concesión pragmática, experiencia académica) |
Universitario, vínculos colorados |
Red académica y política colorada |
Narrativa técnica (experiencia educativa) |
Ruptura parcial: presencia colorada en gabinete liberal |
|
Justicia y Trabajo |
María Lorena Segovia |
PLRA |
Abogada, militante liberal |
Partidaria (cuota liberal) |
Partidismo tradicional |
Red partidaria liberal |
Narrativa partidaria (lealtad y trayectoria) |
Continuidad con mundo social liberal |
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Itaipú |
Franklin Boccia |
PLRA |
Militante, antiguo dirigente liberal |
Partidaria (premio a dirigente) |
Partidismo tradicional |
Red liberal histórica |
Narrativa partidaria (reparación a PLRA) |
Continuidad con mundo social liberal |
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Yacyretá |
Enrique Cáceres Rojas |
No militante, simpatizante PLRA |
Antiguo funcionario, exdirector en época de Lugo |
Técnica-política (funcionario con experiencia, afín a PLRA) |
Burocracia estatal, vínculos con Lugo |
Red burocrática, simpatías liberales |
Narrativa técnica (experiencia previa) |
Ruptura parcial: continuidad más que militancia |
Fuente: elaboración propia a partir de datos de los ministerios
El gabinete de Federico Franco se caracterizó por un predominio liberal clásico, donde la mayoría de los ministros respondieron a la militancia tradicional del PLRA, en clara continuidad con su mundo social de pertenencia. El reclutamiento de los altos mandos traslució la visión de la élite liberal en ese momento: un partido dirigido por militantes tradicionales, en su mayoría provenientes del interior del país, donde se priorizó la satisfacción de las demandas de las facciones internas antes que la búsqueda de perfiles técnicos o especializados (con contadas excepciones, como Hacienda y Salud).
La presencia de alianzas coyunturales, como la incorporación de UNACE en el Ministerio de Defensa, obedeció a la necesidad de asegurar sostén parlamentario, ya que Lino Oviedo, líder de dicho partido, respaldó tácitamente al gobierno tras el juicio político a Lugo en junio de 2012. La inclusión colorada puntual en el Ministerio de Educación (Horacio Galeano Perrone) debe entenderse más como un gesto pragmático que como una apertura estructural hacia el entorno colorado. Este predominio de dirigentes partidarios por sobre expertos temáticos refleja un patrón histórico del liberalismo paraguayo desde la transición, en la que el partido dedicó gran parte de su energía a disputas internas antes que a tender puentes con otras organizaciones de la sociedad (a diferencia del Partido Colorado).
En palabras del exparlamentario liberal M. González Erico (2018), “las cuestiones internas le llevan demasiado tiempo. Se intentó muchas veces [extender vínculos con otras organizaciones de la sociedad], por lo menos contactar con universitarios, pero no hubo caso”[5].
El contraste con el Partido Colorado es evidente. Mientras los liberales se han mantenido anclados en su histórico “enclave liberal”, que les asegura en torno al 30% del electorado en cada elección, los colorados han sabido penetrar y extender sus redes en múltiples estamentos de la sociedad —centros de estudiantes, gremios empresariales, sindicatos, medios de comunicación, entre otros—, lo que refuerza su capacidad de reproducción política. Esta diferencia se explica, en parte, por la prolongada estadía de la ANR en el Poder Ejecutivo (1947–2008, con excepción del periodo 2008–2013), que facilitó la construcción de vínculos con diversos sectores sociales, nutriéndose de ellos tanto en ideas como en cuadros dirigenciales.
Por su parte, el PLRA logró sobrevivir a casi cinco décadas de proscripción, persecución y represión (1940–1989) gracias a la fortaleza de esa comunidad liberal tradicional, que fue visibilizada y organizada en los primeros años de la transición democrática. No obstante, ese enclave, que constituye su principal fortaleza electoral, se ha convertido también en un límite estructural: le garantiza un piso importante de votos, pero al mismo tiempo le impide superar el techo necesario para disputar con éxito la presidencia. El desafío estratégico del liberalismo paraguayo consiste, por tanto, en trascender su comunidad histórica y articular un discurso renovado frente a una sociedad mucho más compleja y moderna que la de inicios de la transición (Pérez Talia, 2021).
La vuelta del Partido Colorado al poder. Las dos caras del partido
El Partido Colorado posee raíces profundas y estables en la sociedad paraguaya, al punto de funcionar como una fuerza centrípeta que atrae gran parte del debate político nacional hacia su órbita. Si bien en su interior predomina históricamente una orientación conservadora, el coloradismo ha albergado también corrientes progresistas, moderadas y de centro, lo que refuerza su carácter policlasista y su capacidad de adaptación.
La derrota electoral de 2008 supuso un breve paréntesis en su prolongada hegemonía, hasta la irrupción de Horacio Cartes, quien emergió como un liderazgo inesperado y rápidamente se convirtió en figura dominante dentro del partido (Turner, 2014). Apenas un periodo después de haber caído en la oposición, Cartes logró devolver al coloradismo al poder, aunque no bajo las reglas tradicionales de la militancia partidaria, sino a partir de la cosmovisión empresarial y gerencial del denominado “Grupo Cartes”, con lógicas propias, redes económicas consolidadas y valores en gran medida ajenos a la cultura partidaria clásica (Sánchez-Gómez, 2019).
El retorno al poder generó inicialmente expectativas de recomposición en la dirigencia tradicional, que esperaba recuperar espacios de influencia en el Ejecutivo. Sin embargo, para sorpresa de gran parte del propio partido, Cartes conformó un gabinete dominado por tecnócratas y especialistas formados en universidades de prestigio internacional, relegando a la militancia histórica a un lugar secundario.
Al comienzo hubo connatos de rebelión en parte de la dirigencia de base colorada en protesta por la ausencia en el gabinete de dirigentes tradicionales. Empezaron a aparecer banderas negras en algunas Seccionales “en señal de luto”. El presidente de Seccional de la ciudad de Fernando de la Mora, Juan Francisco Rivera, manifestó al respecto:
“Hay que recordar que los dirigentes de base, presidentes de seccional, miembros y convencionales, hace dos años fuimos arreados para cambiar el estatuto del partido para que fulano de tal (Cartes) sea presidente de la República. Hoy olímpicamente somos olvidados. Ni siquiera podemos nombrarlos [a los ministros del gabinete], pues sus nombres están en otro idioma… Creíamos que a la presidenta del Partido le correspondía conocer a quienes iban a estar en el gabinete. Ni ella supo nada” (ABC Color, 2013).
Este quiebre con las prácticas habituales del coloradismo marcó una ruptura con su mundo social de pertenencia tradicional y, aunque reforzó la imagen de modernización y eficiencia, abrió al mismo tiempo un frente de tensiones con la estructura partidaria que lo había llevado al poder.
Tabla 3. Gabinete inicial de Horacio Cartes (2013)
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Ministerio |
Ministro/a |
Partido |
Antecedentes |
Motivo de designación |
Anclaje social |
Redes de apoyo |
Forma de legitimación pública |
Continuidad o ruptura con el mundo social del partido |
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Relaciones Exteriores |
Eladio Loizaga |
ANR |
Diplomático de carrera, con experiencia internacional |
Técnica-política (trayectoria en relaciones exteriores) |
Diplomacia y organismos internacionales |
Red diplomática, vínculos internacionales |
Narrativa técnica (profesionalismo y experiencia) |
Continuidad parcial: colorado, pero con perfil tecnocrático |
|
Hacienda |
Germán Rojas |
cercano al Grupo Cartes |
Economista, expresidente del Banco Central |
Técnica (perfil económico profesional) |
Sector financiero y bancario |
Red tecnocrática y empresarial |
Narrativa técnica (credibilidad macroeconómica) |
Ruptura con militancia partidaria |
|
Interior |
Francisco de Vargas |
PLRA (aunque sin vínculos partidarios) |
Abogado, especializado en seguridad y lucha antidrogas |
Técnica (perfil en seguridad y narcotráfico) |
Sector judicial y fuerzas de seguridad |
Red judicial y organismos de seguridad |
Narrativa técnica (lucha contra el crimen organizado) |
Ruptura con militancia colorada |
|
Defensa Nacional |
Bernardino Soto Estigarribia |
ANR |
Militar retirado, excomandante de las FF.AA. |
Técnica (experiencia castrense) |
Fuerzas Armadas |
Red militar |
Narrativa técnica (autoridad y disciplina) |
Continuidad parcial: colorado, militar retirado, con poca militancia partidaria |
|
Obras Públicas y Comunicaciones |
Ramón Jiménez Gaona |
empresario, sin militancia |
Empresario |
Técnica (perfil empresarial) |
Empresariado de la construcción |
Red empresarial y deportiva |
Narrativa técnica/gerencial (eficiencia y gestión) |
Ruptura con militancia colorada |
|
Salud Pública y Bienestar Social |
Antonio Barrios |
ANR |
Médico de la familia de Cartes, vinculado al sector sanitario |
Técnica (especialización médica) con respaldo personal de Cartes |
Gremio médico |
Red profesional médica |
Narrativa técnica (especialista en salud) |
Ruptura con militancia colorada |
|
Agricultura y Ganadería |
Jorge Gattini |
independiente |
Ingeniero agrónomo, con trayectoria académica y técnica |
Técnica (expertise en agricultura) |
Universidades, gremios agropecuarios |
Red académica y gremial agro |
Narrativa técnica (modernización del agro) |
Ruptura con militancia partidaria |
|
Educación y Cultura |
Marta Lafuente |
independiente |
Psicóloga y académica, exrectora de la UNA |
Técnica (perfil educativo-académico) |
Universidades, sector académico |
Red universitaria |
Narrativa técnica (renovación educativa) |
Ruptura con militancia colorada |
|
Justicia y Trabajo |
Sheila Abed |
independiente |
Abogada, especialista en derecho ambiental |
Técnica (perfil profesional reconocido) |
ONG y organismos internacionales |
Red internacional en temas ambientales |
Narrativa técnica (liderazgo y transparencia) |
Ruptura con militancia partidaria |
|
Itaipú |
James Spalding |
independiente, empresario |
Empresario, aunque tuvo cargos en administraciones coloradas anteriores |
Técnica (perfil empresarial) |
Empresariado multinacional |
Red empresarial (multinacionales) |
Narrativa técnica/gerencial (eficiencia) |
Ruptura con militancia colorada |
|
Yacyretá |
Juan Schmalko |
ANR |
Colorado, exintendente de Encarnación |
Partidaria (gestión municipal) |
Empresariado regional, política local |
Red empresarial y política colorada en Itapúa |
Narrativa partidaria (trayectoria colorada, gestión local) |
Continuidad con mundo social colorado |
Fuente: elaboración propia
De hecho, cuando Cartes anunció su gabinete lo calificó como una “selección nacional”, en alusión a la jerga futbolera —campo del cual también provenía—. El comunicado oficial que acompañó la designación de sus ministros subrayaba que la elección de las personas "se realizó en base a una rigurosa selección, con la recomendación del nuevo gobernante de servir a la Patria, actuar con honestidad, ser eficientes y rendir cuentas a la ciudadanía en forma permanente" (Hoy, 2013).
El politólogo Marcello Lachi advirtió, con cierto tono crítico, que resultaba un error analizar al gobierno de Cartes como el inicio de un periodo neoliberal, puesto que las políticas económicas de ese signo ya estaban presentes en Paraguay mucho antes de su llegada al poder. En realidad, Cartes buscaba “cambios estructurales al mismo sistema económico y social” (Lachi, 2015:247). En sus palabras:
El “Nuevo Rumbo” cartista… significa sentar bases concretas y duraderas para una modificación estructural de las mismas relaciones económicas y de poder existentes en el Paraguay, trasladando el eje del desarrollo desde el sector agrario al sector comercial-industrial, y reduciendo paulatinamente el poder de los viejos actores políticos (potentados de los partidos tradicionales, especialmente de la ANR) y económicos (ganaderos y latifundistas agrarios en general), a favor de una nueva oligarquía todopoderosa conformada por empresarios de la industria, del comercio, y de las comunicaciones, y sostenida por una amplia franja de profesionales de alto nivel gerencial, que pudiera integrarse exitosamente al sistema económico mundial globalizado y trasnacional (2015:247-248).
El propio Cartes reforzó este nuevo paradigma a través de declaraciones públicas que suscitaron polémica:
“Al final me convencí de que un país vive y los resultados son por gestión al igual que una gran empresa. En el escenario de una gran empresa el gran producto es la gente” y “para este presidente se acabaron las ideologías. Hoy ya no interesa izquierda o derecha, hay que trabajar…” (Prensa Mercosur, 2014).
Este mundo social de pertenencia, muy diferente al de los gobiernos colorados tradicionales, terminó generando fuertes problemas de gobernabilidad (Sánchez-Gómez, 2025). Su principal adversario emergió dentro del propio partido: el senador Mario Abdo Benítez, descendiente de una familia históricamente vinculada a la ANR, quien pronto reivindicó las banderas clásicas del coloradismo, reclamando el retorno de la militancia tradicional al poder y el desplazamiento de tecnócratas y especialistas.
En las primarias de 2017, Abdo Benítez derrotó a Santiago Peña —candidato impulsado por Cartes— y logró convertirse primero en candidato presidencial y, más tarde, en presidente de la República. Su llegada al Ejecutivo simbolizó un retorno al coloradismo clásico, en las antípodas del “cartismo”. Durante su campaña presidencial, Mario Abdo Benítez se desmarcó de su correligionario Cartes y prometió “coloradizar al funcionariado público” haciendo la siguiente alusión:
“¿Con quién voy a gobernar si no gobierno con colorados? ¿Con burócratas fríos que no conocen la realidad y el sufrimiento de nuestro pueblo?... los ministros van a hacer sus tareas en los horarios de oficina, cada ministro va a venir a ponerse su pañuelo (colorado) los sábados y domingos” (ABC, 2019).
La conformación del primer gabinete de Mario Abdo Benítez debe leerse, por tanto, como la materialización de aquella promesa de “coloradizar” la administración pública. A diferencia del predominio tecnocrático del cartismo, Abdo recurrió mayormente a dirigentes históricos y a figuras estrechamente ligadas a la militancia partidaria, reforzando los lazos con el mundo social de pertenencia tradicional del Partido Colorado. La siguiente tabla ilustra la composición de su equipo ministerial y permite observar con claridad este retorno al coloradismo clásico.
Tabla 4. Gabinete inicial de Mario Abdo Benítez (2018)
|
Ministerio |
Ministro/a |
Partido |
Antecedentes |
Motivo de designación |
Anclaje social |
Redes de apoyo |
Forma de legitimación pública |
Continuidad o ruptura con el mundo social del partido |
|
Relaciones Exteriores |
Luis Castiglioni |
Colorado |
Ingeniero, antiguo militante |
Partidaria (dirigente histórico) |
Partidismo tradicional |
Red partidaria ANR |
Narrativa partidaria (trayectoria y militancia) |
Continuidad con el mundo social colorado |
|
Hacienda |
Benigno López |
Colorado |
Hermano del presidente, economista, antiguo militante |
Personal + técnica (confianza familiar y perfil económico) |
Sector financiero y partidario |
Red familiar y partidaria |
Narrativa de confianza (cercanía al presidente) |
Continuidad, reforzada por lazos familiares |
|
Interior |
Juan Ernesto Villamayor |
Colorado |
Abogado, antiguo militante |
Partidaria (cuota de militancia) |
Partidismo tradicional |
Red interna de la ANR |
Narrativa partidaria (trayectoria y lealtad) |
Continuidad con mundo social colorado |
|
Salud Pública y Bienestar Social |
Julio Daniel Mazzoleni |
Colorado |
Médico, compañero de colegio del presidente, afiliado al partido |
Personal + técnica (confianza personal y expertise médico) |
Sector médico y educativo |
Red profesional + vínculos personales con Abdo |
Narrativa técnica (especialista en salud, hombre de confianza) |
Continuidad parcial: perfil técnico dentro del partido |
|
Justicia |
Julio Javier Ríos |
Colorado |
Abogado, antiguo militante, exdiputado colorado |
Partidaria (cuota colorada) |
Partidismo tradicional |
Red política interna |
Narrativa partidaria (trayectoria jurídica y política) |
Continuidad con mundo social colorado |
|
Trabajo |
Carla Bacigalupo |
Colorado |
Abogada, antigua militante |
Partidaria (cuota femenina y faccional) |
Partidismo tradicional |
Red política interna |
Narrativa partidaria (participación femenina y militancia) |
Continuidad con mundo social colorado |
|
Obras Públicas |
Arnoldo Wiens |
Colorado |
Pastor evangélico, antiguo militante, exsenador colorado |
Partidaria + moral (representación religiosa y partidaria) |
Iglesia evangélica y ANR |
Red religiosa y política |
Narrativa moral/partidaria (valores y militancia) |
Continuidad con mundo social colorado |
|
Industria y Comercio |
Liz Cramer |
Colorado |
Empresaria, afiliada al partido |
Técnica + partidaria (perfil económico y filiación) |
Empresariado y ANR |
Red empresarial y partidaria |
Narrativa técnica/partidaria (gestión y afinidad política) |
Continuidad con mundo social colorado |
|
Itaipú |
José Alderete |
Colorado |
Antiguo militante del partido |
Partidaria (dirigente histórico) |
Partidismo tradicional |
Red partidaria |
Narrativa partidaria (trayectoria dentro del partido) |
Continuidad con mundo social colorado |
|
Yacyretá |
Nicanor Duarte |
Colorado |
Expresidente de la República |
Partidaria (premio a liderazgo histórico) |
Partidismo tradicional, liderazgo nacional |
Red de expresidencia, fuerte aparato político |
Narrativa partidaria (figura de peso histórico) |
Continuidad reforzada con liderazgo colorado |
Fuente: elaboración propia
El primer gabinete de Mario Abdo Benítez puede interpretarse como una reafirmación del predominio absoluto de la militancia colorada, ya que casi todos sus integrantes provienen de la ANR y mantienen vínculos históricos con el partido. A ello se suma el peso de la confianza personal, visible en designaciones como las de Benigno López y Julio Mazzoleni, que combinaron lazos de cercanía con militancia o afinidad política. Al mismo tiempo, la presencia de figuras como Nicanor Duarte Frutos y José Alderete aseguró un equilibrio entre partido y tradición, otorgando centralidad a líderes históricos y consolidando la vuelta al mundo social de pertenencia colorado. En contraste con el gabinete tecnocrático de Horacio Cartes, Abdo reinstaló la lógica clásica del coloradismo, donde la militancia, la lealtad y la pertenencia partidaria pesaron más que el perfil técnico, marcando así una clara ruptura con el cartismo y un retorno a las raíces tradicionales del partido.
El contraste entre los gobiernos de Horacio Cartes (2013-18) y Mario Abdo Benítez (2018-23) permite observar la tensión interna existente dentro del Partido Colorado entre dos lógicas de construcción política divergentes. Mientras Cartes impulsó un gabinete fuertemente tecnocrático, reclutado en gran medida de su entorno empresarial y con un marcado sesgo gerencial, Abdo Benítez reinstaló el esquema clásico del coloradismo, donde la militancia partidaria y las lealtades históricas pesan más que la experticia técnica. Así, Cartes rompió con el ritual de pertenencia colorado para privilegiar un “nuevo mundo social” ligado al empresariado y a los cuadros técnicos, mientras que Abdo se apoyó en la revalorización de la militancia tradicional y en vínculos de confianza personal con referentes históricos del partido. Esta diferencia dentro de un mismo signo político ilustra cómo las redes y mundos sociales de pertenencia operan como criterios decisivos de selección gubernamental, aun en el marco de una institucionalidad partidaria aparentemente homogénea.
A manera de cierre
Las conclusiones de este trabajo permiten observar que el estudio de los partidos políticos ha estado históricamente marcado por una tradición analítica clásica —con más de un siglo de desarrollo— centrada en la dimensión organizativa e institucional. Sin embargo, la sociología política ha abierto una mirada complementaria que posibilita aprehender con mayor profundidad la compleja trama de vínculos sociales y culturales en los que se inscriben los partidos.
El caso paraguayo constituye un terreno fértil para este tipo de aproximaciones. Como se ha mostrado, los gobiernos de Federico Franco y Mario Abdo Benítez se apoyaron principalmente en la militancia tradicional partidaria, reproduciendo prácticas históricas de reclutamiento y selección de cuadros. En cambio, Horacio Cartes representó una alternativa distinta dentro del mismo Partido Colorado, al apostar por un gabinete dominado por técnicos, empresarios y gerentes de su entorno, con lo cual rompió, al menos parcialmente, con los rituales clásicos del coloradismo. Este contraste revela que, más allá de las etiquetas partidarias, existen lógicas diversas de articulación con la sociedad: la militancia tradicional (Franco, Abdo), la tecnocracia y el empresariado (Cartes), o la combinación de ambos registros.
Este hallazgo evidencia la importancia de no limitarse a los enfoques clásicos de la ciencia política que conciben a los partidos solo como organizaciones con dinámicas internas estables, sino de incorporar categorías como la de los mundos sociales de pertenencia. Este enfoque permite comprender cómo los actores políticos se nutren de distintos espacios sociales —partidarios, empresariales, gremiales, religiosos, académicos— y cómo esas conexiones se traducen en decisiones concretas de gobierno, como la selección de gabinetes. Al mismo tiempo, la perspectiva de redes sociales partidistas ofrece claves para explicar por qué el Partido Colorado ha logrado tejer vínculos sólidos y duraderos con sindicatos, gremios empresariales, medios de comunicación y otros sectores, lo que le asegura un caudal electoral cercano al 50% en cada elección. El Partido Liberal, en contraste, permanece anclado en su enclave comunitario histórico, que le garantiza supervivencia pero también limita su capacidad de disputar con éxito la presidencia.
A nivel teórico, este trabajo aporta al debate sobre partidos tradicionales en democracias latinoamericanas, mostrando que el estudio de sus redes sociales y mundos de pertenencia abre líneas de investigación fértiles. Una de ellas podría consistir en explorar las motivaciones que llevan a los líderes a optar por gabinetes más tradicionales o tecnocráticos aun dentro del mismo partido político. Otra línea posible es la comparación con experiencias de partidos históricos en la región, como el Partido Colorado uruguayo, el Partido Justicialista argentino o el APRA peruano, donde también se observan tensiones entre lazos militantes, redes sociales y cuadros técnicos.
En suma, comprender a los partidos no solo como estructuras organizacionales sino como entramados sociales y culturales amplía la capacidad explicativa de la ciencia política y habilita un campo de investigación comparada que trasciende el caso paraguayo, contribuyendo a una lectura más rica y matizada de la política en la región.
Referencias
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Fuentes periodísticas
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Cartes confirma más nombres de su selección nacional. (2013, 30 de abril). HOY. https://www.hoy.com.py/nacionales/cartes-confirma-mas-nombres-de-su-seleccion-nacional
Marito promete coloradizar al funcionariado público. (2019, 30 de abril). ABC Color. https://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/marito-promete-coloradizar-al-funcionariado-publico-1687721.html
Paraguay: Horacio Cartes: «El país es una gran empresa». (2014, 25 de septiembre). Prensa Mercosur. https://prensamercosur.org/2014/09/25/paraguay-horacio-cartes-el-pais-es-una-gran-empresa/
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Sobre el autor: Marcos Pérez Talia: cuenta con una estancia postdoctoral en la Universidad de Valencia, España. Doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina (2021). Máster en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca, España (2014). Máster en Derecho, Economía y Políticas Públicas por el Instituto de Investigación Ortega y Gasset y Universidad Complutense de Madrid, España (2007). Investigaciones académicas sobre democracia, elecciones, participación política y partidos políticos de América Latina. Expositor en Conferencias y Mesas Redondas nacionales y extranjeras. Autor de libros, capítulos de libros y diversos artículos académicos publicados en revistas científicas de España, México, Argentina, Uruguay, Colombia, Ecuador y Paraguay. Integrante de Proyectos de Investigación sobre política comparada y democracia. Docencia universitaria en materias de Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de Universidades de Argentina y Paraguay. Consultor internacional sobre Democracia, Participación Política, Juventud, Elecciones y Partidos Políticos. |
[1] Este trabajo fue presentado originalmente en 2021, en el marco del doctorado en Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Expreso mi profundo agradecimiento al Dr. Esteban Iglesias por sus valiosos comentarios, críticas y sugerencias, que enriquecieron de manera significativa el texto original.
[2] “La organización implica la tendencia a la oligarquía. En toda organización, ya sea de partido político… se manifiesta la tendencia aristocrática con toda claridad. El mecanismo de la organización, al conferirle solidez de estructura, induce algunos cambios importantes en la masa organizada, e invierte completamente la posición respectiva de los conductores y los conducidos. Como consecuencia de la organización, todos los partidos o gremios profesionales llegan a dividirse en una minoría de directivos y una mayoría de dirigidos.” (Michels, 1979: 77-78).
[3] En ese sentido afirma que “El destino general de todos los partidos --que casi siempre comienzan como una agrupación carismática en torno a un pretendiente legítimo o cesáreo, o de un demagogo al estilo de Pericles, de Cleón o de Lassalle- consiste, cuando desembocan en una organización permanente, en transformarse en una agrupación dirigida por notables y, como ha ocurrido hasta fines del siglo XVIII, en una federación de nobles” (Weber, 2002: 864).
[4] En la misma línea que Kirchheimer (1966), Ángelo Panebianco (1982) desarrolla la categoría de partido profesional-electoral, pretendiendo con el uso de esa nueva expresión “no sólo acentuar el aspecto de la profesionalización sino también para subrayar que el aspecto básico es el organizativo y no el de la representación social” (Panebianco, 1990: 491). A su criterio, existen dos grandes cambios que apuntalan el paso de partidos de masas hacia partidos electorales: (i) cambios de tipo social y (ii) cambios de tipo tecnológico y comunicacional (Panebianco, 1990: 493-497).
[5] Entrevista propia realizada en fecha 30/11/2018, en el marco de la tesis doctoral del autor de este artículo